A la antigua usanza

Cada día leo las noticias en el periódico. Sí, todavía quedamos locos como yo que leemos los periódicos en papel, manchándonos las manos con la tinta con que los imprimen, subrayando cosas y releyendo aquello que consideramos más interesante.

Reivindico mi derecho a poder seguir haciéndolo. Disfruto de ese rato como uno de los mejores que el día me reserva. Debo ser una persona a la antigua usanza que en ciertas cosas se ha quedado anclada en el pasado, pero me encanta serlo.

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Nube de fuego

Cupido no tuvo la culpa. Prefiero echársela al destino o a la diosa Fortuna. Coincidió que era el día de los enamorados… pues era… pero ya se estaba acabando. Fue al atardecer del día. Los dos nos paramos a un tiempo, en plena calle.

Miramos a la misma nube. Yo hice una foto; tú sólo la observabas. Esa coincidencia nos hizo mirarnos y sonreírnos. Tuviste el valor de hablarme. Yo no lo hubiera tenido:

– “Hermosa nube. Parece que está ardiendo”.

– “Lástima que pronto desaparecerá” – te dije.

– “Ya no, mientras tu foto exista. No la destruyas nunca. Será un momento único en tu vida”.

Entonces saqué valor no sé de dónde. Lo normal es que mi timidez me impida hablar a las mujeres:

–      “Si quieres te la mando por correo. ¿Cuál es tu e-mail?”.

No me lo podía creer. Le estaba pidiendo su correo electrónico a una mujer. Y ella lo estaba escribiendo en un papel.

Después de eso vino nuestra correspondencia casi diaria durante meses. Nos fuimos conociendo poco a poco. Con miedo por mi parte, con precaución por la tuya. Hasta que llegó nuestra primera cena. Y ahí sí que terminó por surgir algo entre nosotros.

Tú dices que fue trabajo de Cupido, que fueron las flechas del amor que atinaron en nuestros corazones. Yo soy un poco más prosaico, menos poético y prefiero pensar que nuestro destino estaba marcado para que acabáramos juntos.

 

¿Será éste el año?

La primera semana del año en realidad no existe. Me cuesta arrancar. Es una semana de desintoxicación y de reflexiones. Por eso me hace gracia la gente que enseguida pone en funcionamiento sus nuevos propósitos. Comienzan el año como si no hubiera un mañana. Ese empuje y arrojo les dura como mucho un par de meses. En el mejor de los casos llegarán a finales de febrero. Para entonces los propósitos del nuevo año irán a parar al mismo sitio que los propósitos del año anterior: al cubo de la basura.

Poco a poco la frustración se irá haciendo fuerte en su mente. Llegarán al verano pensando que una vez más están en el mismo sitio sin haber avanzado ni un poquito hacia esa vida que tanto ansían. Pasa el verano, disfrutan de él. No es momento para preocupaciones. Eso ya vendrá en septiembre.

Y llega septiembre, comienzan a pensar en todas las cosas que van a hacer a partir de enero del siguiente año. Se van autoconvenciendo que esta vez sí, que la fuerte autoestima con la que han finalizado el verano y su renovada fuerza de voluntad no van a poder con su pereza. Llega la navidad con sus luces y sus turrones. Continúan con ganas de agarrar su vida por los cuernos y hacer lo que siempre han deseado hacer.

Se acaba el año. Vienen la euforia, las uvas y la sidra. Se autoprometen sus nuevos propósito para el año siguiente y se preguntan una vez más: «¿Será que este año sí que cumpliré con mis propósitos de año nuevo?»

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8 de enero

Repitió la carta punto por punto. Tan sólo cambió el encabezamiento, algunos tiempos verbales y pronombres pero el contenido de la misiva era el mismo. Papá Noel le había fallado. Ahora no le quedaba más remedio que confiar en los Reyes Magos. Estaba seguro que ellos, al ser tres, podrían infundirle el valor que necesitaba para enfrentarse a Nacho al volver al colegio el 8 de enero.

-.-

(Mi contribución al Concurso #cuentosdeNavidad de Zenda)

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Mis queridos maestros

Gracias a ellos estoy donde ahora me hallo. Gracias a sus enseñanzas, a su entusiasmo al mostrarme lo que ellos sabían, dirigí mi camino hacia un lado y no otro. Ellos me enseñaron mis primeras letras, mis primeros números; me inculcaron el respeto al prójimo; me prepararon para pensar por mí misma, en libertad. Mis maestros, mis mayores, mis padres y abuelos… a todos ellos dedico este pequeño homenaje este 27 de noviembre, día del maestro aquí en España.

 

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Aquellos viejos pupitres… (Foto: Alma Rural)