Hay días en que…

Hay días en que no sé que es lo que estoy haciendo con mi vida. Hoy es uno de esos días. Me pongo frente al teclado del ordenador y no encuentro el lugar por el que continuar escribiendo. Me encuentro triste, agotada… Es como si cada día tuviera que empezar de nuevo. Las ideas de ayer se agotaron. Necesito otras nuevas para gastar hoy. Aunque ahora mismo no sé de dónde sacarlas. Tal vez del silencio, tal vez de la luz del sol…

Debes escribir todos los días si te quieres convertirte en una escritora profesional pero nadie me dijo lo difícil que esto es. Es un auténtico suplicio. Intentar escribir algo cada día, todos los días por el resto de tu vida.

Otros escritores más experimentados que yo dicen que algunos días no te salen más que textos que son un auténtico asco con los que lo único que puedes hacer es una buena hoguera, pero que a pesar de ello tienes que seguir escribiendo, porque por muy malo que seas escribiendo es por completo imposible que antes o después no escribas algo que merezca la pena ser leído.

Llegado ese momento verás que todos tus esfuerzos han merecido todo el sufrimiento que has padecido. Olvidarás lo malo y te centrarás en lo feliz que te sientes por haber sido capaz de escribir un cuento, un poema, un capítulo de tu novela, lo que sea… Releerás tu texto. Serás feliz por cada palabra escrita.

Esos días llegarán. Estoy segura de ello. Aunque no sé si hoy va a ser uno de ellos.

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(Reflexión publicada en EÑES)

 

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Sueño familiar

Para ganar la otra orilla tenía que atravesar el río nadando. Guardó sus pantalones, su camisa y sus zapatos en una bolsa con la esperanza de que la ropa llegara seca al otro lado. El compromiso adquirido con su familia le hacía arriesgarse al máximo. Confiaba en no encontrarse con la patrulla fronteriza nada más dejar el agua. Tal vez así lograría el sueño americano y podría traer a toda su familia a la parte rica del mundo.

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Microrrelato que participa en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

Caricias

Hoy me he levantado viendo el lado oscuro de la vida.

Siempre intento ser optimista aunque hay días en que el mundo que nos rodea, las noticias que una lee, no te dejan ver el sol según sale.

Esos días cuesta un poco más tirar hacia adelante.

Microcuento nº1:

Sesión de maquillaje

Después siempre llegan las caricias y las disculpas. Otra vez taparé los moratones con maquillaje.

 

Microcuento nº2:

Sobreviviendo

Las caricias maternas eran su motivo para continuar viviendo. Al día siguiente volvería al instituto.

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Microcuentos escritos para el Reto semanal de #JuevesConCuento de la Escuela Cursiva .

La palabra de la semana es “caricias”.

Segunda oportunidad

En la planta de oportunidades, el abrigo supo que estaba en el lugar adecuado. Seguro que allí alguien lo compraría aunque estuviera pasado de moda.

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Este microrrelato fue seleccionado y publicado en la Comunidad del Portal del escritor, en el siguiente #RetoEscritura: en 25 palabras máximo cuenta una historia sobre las segundas oportunidades (o una segunda oportunidad).