La batalla final

 

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Su verborrea y sus sonrisas resultaban irresistibles. Con ellas consiguió que el guardián del puente colgante le franqueara el paso lo que le permitió llegar hasta el Valle de las Lágrimas. Sabía que recolectar y beber una de aquellas gotas transparentes que crecían en los árboles del bosque le daría la sabiduría necesaria para enfrentarse al brujo que oprimía a su pueblo. Hasta ahora su magia blanca no había podido con él, pero con esta ayuda del Bosque Madre sin duda lograría que la balanza se inclinara a su favor durante la próxima batalla de conjuros.

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Microrrelato para el reto de agosto de 2018  de Escribir jugando de Lídia Castro Navàs

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En la profundidad del bosque

En la profundidad del bosque sólo se escuchaban los trinos de los pájaros. La niña sabía que el camino más corto para atravesarlo era por el túnel lleno de claroscuros que formaban las ramas de los árboles entrelazadas. Pero ya no sentía miedo al pasar por allí. Caperucita Roja se había encargado de deshacerse del lobo que las tenía a todas muy asustadas.

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Feliz Día Internacional del Bosque: Tomemos conciencia sobre la importancia de todos los tipos de ecosistemas boscosos y árboles tienen para el desarrollo sostenible de nuestro planeta.

 

La tristeza me embarga

La tristeza me embarga. La sensación de impotencia me llena de rabia. No consigo entender cómo hay gente capaz de hacer algunas cosas. Solo piensan en su propio beneficio, en su propio placer. Ver arder los montes, la naturaleza que es la riqueza de todo el pueblo gallego, por el simple hecho de ser feliz al hacerlo o por sacar un beneficio económico es algo que me hierve la sangre.

Menos mal que la Madre Naturaleza nos ha echado una mano. Ha comenzado a llover. Después de unos meses en los que la lluvia ha sido una circunstancia esporádica, después de unos días especialmente calurosos para esta tierra y para esta época del año, la lluvia ha vuelto a hacer acto de presencia. No es que sea la solución definitiva para los fuegos que devoran nuestros montes pero por lo menos ayuda a aliviar la situación.

Hoy no hablo de escritura, de literatura… No puedo hacerlo. Me duele ver arder los bosques que tanto amo, que con tanto cariño y tiempo gentes como mi padre han ido cuidando. Galicia es sus paisajes verdes, sus bosques frondosos que llaman la atención de todo el mundo; es mar y monte, es naturaleza salvaje. Y ahora nos han destruido parte de nuestra esencia.

Solo me queda tener fe en el pueblo gallego y en su fuerza para reponerse de las desgracias que la vida nos trae. Cuando nuestro mar quedó invadido allá por el año 2002, con el desastre del Prestige, por el chapapote que llegaba incluso a nuestras playas, todo el mundo se arremangó, se puso manos a la obra y, con la ayuda de miles de personas que vinieron de toda España y del mundo, salimos adelante.

Tengo confianza en que ahora, 15 años después, va a ser igual. Tardaremos años en conseguir que nuestros bosques vuelvan a ser la envidia del mundo, por su verdor, por su alma salvaje, pero lo conseguiremos. Sé que todos juntos lo haremos posible.

 

Aquel martes cruzamos…

Cada martes la gente de MeGustaEscribir a través de sus perfiles de twitter y de facebook nos invitan a terminar un cuento. Ellos nos dan las palabras iniciales del mismo y nosotros lo completamos.

Este martes la propuesta de inicio de cuento era:

“Aquel martes cruzamos…”

Aquí os dejo lo que mi imaginación me regaló para cumplir con este reto. Espero que os gusten mis tres microrrelatos.

En twitter:

  • Aquel martes cruzamos los brazos para formar una cadena humana. Por nuestro bosque no iba a pasar otra carretera a la capital.

 

  • Aquel martes cruzamos el río a nado en busca de nuestro “El Dorado”. Lo veíamos todos los días en la tele al alcance de la mano.

 

En facebook:

Aquel martes cruzamos la línea que separa lo más sagrado, la decencia. Romper el cerdito de Hugo para pagar nuestras copas de esa noche había sido imperdonable. Sus ojos llorosos implorando auxilio cuando se lo llevaban al centro de menores nos hizo darnos cuenta de que en aquella ocasión nuestros excesos y vicios nos habían quitado lo único bueno que había existido en nuestras vidas.