De sol a sol

Todos en el pueblo tenían a Ismael por un pobre diablo. Era tan bonachón y valía para tan poco que decidieron que lo más justo sería buscarle un trabajo en el que se sintiera valorado. Al final lo encontraron. Cada noche Ismael se iba a dormir muy temprano. Al día siguiente se levantaba casi al alba, se encaminaba a las murallas y abría la Puerta del Sol. Ser portero le hacía muy feliz. Sentía que gracias a su trabajo el calor y la luz del astro entraban cada día en su pueblo.

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Microrrelato que participa en el Reto 5 líneas del mes de Enero del blog de Adella Brac.