Mis queridos maestros

Gracias a ellos estoy donde ahora me hallo. Gracias a sus enseñanzas, a su entusiasmo al mostrarme lo que ellos sabían, dirigí mi camino hacia un lado y no otro. Ellos me enseñaron mis primeras letras, mis primeros números; me inculcaron el respeto al prójimo; me prepararon para pensar por mí misma, en libertad. Mis maestros, mis mayores, mis padres y abuelos… a todos ellos dedico este pequeño homenaje este 27 de noviembre, día del maestro aquí en España.

 

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Aquellos viejos pupitres… (Foto: Alma Rural)

 

 

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La rabia y la impotencia me pueden en días como hoy

Me causa desolación que hoy, 20 de Noviembre, sea, un año más, el Día Universal del Niño o que el próximo domingo 25 de noviembre vaya a ser el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

La celebración de los días internacionales, por norma general, me ponen muy triste. El problema no es que existan estos días en sí mismos; el problema es que sea necesario que existan para con ellos concienciar y llamar la atención de la sociedad en general sobre temas importantes que tenemos pendiente resolver, sobre los que los ciudadanos debemos exigir que se tomen medidas públicas por parte de nuestros gobiernos. Por más vueltas que le doy no consigo comprender cómo es posible que los niños y niñas del mundo continúen necesitando un día especial con el que defender sus derechos, que las mujeres precisamos de una jornada específica para que todas gritemos bien alto y fuerte que no debe existir la violencia que se ejerce sobre nosotras.

La infancia es el colectivo más vulnerable de nuestra sociedad, el que sufre con más fuerza los problemas y las crisis de todo tipo (medioambientales, sociales, económicas, bélicas, etc…) que suceden en el mundo. Todos los niños tienen derecho a una familia que les quiera y cuide, a un hogar en el que resguardarse del frío y de la lluvia, a una escuela a la que ir a aprender cosas nuevas, a una comida caliente sobre su mesa…

La violencia contra las mujeres y niñas se manifiesta en forma de violencia física, maltrato psicológico, violación conyugal, femicidio, violación, actos sexuales forzados, insinuaciones sexuales no deseadas, abuso sexual infantil, matrimonio forzado, acoso callejero, acoso cibernético, trata de mujeres, esclavitud y explotación sexual, mutilación genital, matrimonio infantil…

Lo que me parece más increíble es que todavía hagan falta días como estos en un mundo globalizado en el que nos comunicamos con la otra punta del mundo con un golpe de ratón. Somos capaces de realizar grandes proezas y también de permitir las más grandes miserias sobre todo si aún consentimos que haya niños y niñas en el mundo que no tienen que comer cada día, que luchan en las guerras, que trabajan de sol a sol por un sueldo de miseria; mujeres y niñas que sufren violaciones o matrimonios forzosos, que son usadas como arma de guerra, que son compradas y vendidas al mejor postor como mera mercancía…

Siento repetirme pero en días como hoy me pueden la rabia y la impotencia. No puedo evitarlo.

Sobre la escritura – nº1

  • Escribo lo que pienso, siento, amo o detesto. Soy sincera ante el folio en blanco. Ahí me encontrarás tal cual soy, sin trampas o armaduras.
  • Si un buen libro cae en tus manos exprímelo todo lo que puedas. Saca ideas, sentimientos y respuestas de él. Un buen libro puede cambiar tu vida por completo. Ya nada será igual para ti después de leer su última página.
  • El poder de la palabra escrita es infinito. Nos puede hacer llorar de alegría o tristeza, nos obliga a pensar, a reír, a querer transformar el mundo. Yo quiero tener ese poder; yo quiero ser escritora
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Buscando la historia perfecta

Oscar Wilde y la escritura

 

Tal día como hoy, pero de 1900, moría en París a los 46 años un gran escritor de origen irlandés, Oscar Wilde. Mi recuerdo para con él lleva la forma de una de sus frases más geniales:

Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse.

Yo aún no he entendido el significado de la vida por completo por eso todavía continúo escribiendo. Creo que escribiré siempre porque no sé si conseguiré nunca comprender el mundo en que vivimos. Y también viviré la vida para después contarlo en forma de relato.

 

La tristeza me embarga

La tristeza me embarga. La sensación de impotencia me llena de rabia. No consigo entender cómo hay gente capaz de hacer algunas cosas. Solo piensan en su propio beneficio, en su propio placer. Ver arder los montes, la naturaleza que es la riqueza de todo el pueblo gallego, por el simple hecho de ser feliz al hacerlo o por sacar un beneficio económico es algo que me hierve la sangre.

Menos mal que la Madre Naturaleza nos ha echado una mano. Ha comenzado a llover. Después de unos meses en los que la lluvia ha sido una circunstancia esporádica, después de unos días especialmente calurosos para esta tierra y para esta época del año, la lluvia ha vuelto a hacer acto de presencia. No es que sea la solución definitiva para los fuegos que devoran nuestros montes pero por lo menos ayuda a aliviar la situación.

Hoy no hablo de escritura, de literatura… No puedo hacerlo. Me duele ver arder los bosques que tanto amo, que con tanto cariño y tiempo gentes como mi padre han ido cuidando. Galicia es sus paisajes verdes, sus bosques frondosos que llaman la atención de todo el mundo; es mar y monte, es naturaleza salvaje. Y ahora nos han destruido parte de nuestra esencia.

Solo me queda tener fe en el pueblo gallego y en su fuerza para reponerse de las desgracias que la vida nos trae. Cuando nuestro mar quedó invadido allá por el año 2002, con el desastre del Prestige, por el chapapote que llegaba incluso a nuestras playas, todo el mundo se arremangó, se puso manos a la obra y, con la ayuda de miles de personas que vinieron de toda España y del mundo, salimos adelante.

Tengo confianza en que ahora, 15 años después, va a ser igual. Tardaremos años en conseguir que nuestros bosques vuelvan a ser la envidia del mundo, por su verdor, por su alma salvaje, pero lo conseguiremos. Sé que todos juntos lo haremos posible.

 

Anotaciones de madrugada

La primera que vez que te pasa te sucede de repente, sin previo aviso. Una noche, mientras estás durmiendo a placer, te despierta una sensación extraña. No entiendes qué puede ser dado el estado de duermevela en el que te hayas. Tu mente se ha reactivado sin tu permiso y te sugiere que te levantes de madrugada a apuntar las ideas que tu cabeza te está lanzando a esas intempestivas horas.

Tu confianza, que anda por allí al lado de las ideas, te hace creer que te acordarás a la mañana siguiente de todas ellas y te quedas en la cama confiando en esa creencia. Pero al llegar el momento de apuntarlas por la mañana las ideas se han ido y, por más que te esfuerzas, no vuelven a aparecer. Con rabia te dices que eso no te va a volver a pasar nunca más, hasta que vuelve a ocurrir

Sabes de sobra que si no te levantas a anotarlas en el momento en que se te ocurren las ideas a la mañana siguiente no te vas a acordar de ellas y no quieres, por nada del mundo, que eso te pueda pasar. Pero tu confianza y tu pereza te hacen pensar otra vez que tú no necesitas levantarte a apuntar una idea que te nazca de madrugada y la vuelves a perder.

Entonces llega la noche del cambio; ese momento en que te obligas, cansada de perder ideas que te parecían geniales medio dormida en la cama, a levantarte por primera vez a apuntar esa idea. Ese es un punto sin retorno hacia tu vida de escritor en el que tendrás que levantarte en más ocasiones de madrugada para escribir, pero jamás te importará. Es más, serás feliz de poder hacerlo porque escribir es tu forma de vivir la vida.

-.-

(Reflexión publicada en EÑES)