Adiós al 2020

Adiós al 2020, el año en el que una pandemia me robó miles de abrazos y cientos de besos que se perdieron sin posibilidad de devolución.

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Estamos en el año 2050 y alguien te pide que le cuentes, en solo una frase, cómo fue el año 2020, ¿qué le responderías?

Desafío nº3 publicado en Desafíos semanales de Scribook

Carta a Santa Claus

Querido Santa:

¿Te acuerda cuando te ponía de pequeña que había sido muy buena para que me trajeras todos los regalos que te pedía? Bueno, pues ahora, solo te pido que me ayudes a cumplir de una puñetera vez con mi propósito de Año Nuevo.

Año tras año me hago el mismo propósito y, ahí sigue, el muy… sin dignarse a que lo cumpla. Me digo siempre: «Este año lo voy a conseguir», hasta que llega diciembre, claro. Tú sabes que no te estoy hablando de dejar de fumar. Eso hace años que lo dejé; antes incluso de que existiera esto de los propósitos de Año Nuevo —fíjate si soy vieja—. ¿Quién los habrá inventado? Seguro que los americanos.

También está el propósito de adelgazar, pero ese ya lo he dejado por imposible. ¡Está tan rico el chocolate! O lo de aprender a hablar inglés. Todavía insisto en ello aunque cada vez estoy más convencida de que la lengua de Shakespeare no está hecha para mí.

Mi propósito de Año Nuevo tiene más que ver con mi yo interior, con ser capaz de juntar unos cuantos párrafos escritos con los que construir una historia, y, después otra y otra y otra… No te pido tanto, Santa. Ya podías echarme un cable, ¿no te parece? Año tras año sigo fiel a ti, mandándote mi carta, pidiéndote lo mismo. Tú verás lo que haces. Si no voy a tenerme que ir a la competencia. Los Reyes Magos están deseando tener nuevos clientes. A ellos nunca les he pedido mi propósito de Año Nuevo.

Firmado:

Una escritora desesperada.

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Convence a Santa de que este año mereces recibir lo que le has pedido. Ten en cuenta que, dependiendo de la originalidad de la carta que redactes, llegarán o no los regalos.

Desafío nº2 publicado en Desafíos semanales de Scribook

Somos millones

No somos solo de un tipo sino de muchos. Somos tantos como personas hay en el mundo y al mismo somos únicos. A veces somos maternales, otras fraternales, incluso somos amistosos o amorosos. Podemos darte la más calurosa de las bienvenidas o la más esperanzadora de las despedidas. Y siempre somos personales e intransferibles.

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Sin nosotros no puedes vivir. Nos necesitas como el aire que respiras para ser feliz porque cuando nos vamos la tristeza y la soledad se instalan a tu lado y no te abandonan hasta que nos ven aparecer de nuevo por la puerta de tu casa.

Somos los besos que das y los que recibes que venimos para desearte un feliz Día Internacional del Beso. Felicidades.

Carta a mis seres queridos

Estoy necesitada de abrazos, de besos… Quiero oír vuestras risas en directo no a través de una conexión de Internet, poder miraros a los ojos cuando me habláis sin una pantalla por el medio. Todavía nos quedan muchos días por delante para poder estar juntos otra vez.

Tanta vida irreal a través de las redes sociales, tanto ocupar todos los minutos del día con cosas innecesarias sin las que, hasta ahora, hemos podido vivir a la perfección no me hacen sentir mejor. Todo lo contrario. Me agobian y generan ansiedad.

Mi rutina diaria no ha variado mucho en estos días de encierro obligatorio. Será que ya tenía una vida creativa que me llenaba por completo; será que me niego a seguir las modas. Ya sé que soy un bicho raro, pero los que me conocen bien siempre supieron que lo era y, a pesar de ello, me quieren.

Solo echo de menos a mi gente querida, a mi familia, a mis pocos amigos… Me faltan las reuniones con ellos, las comidas juntos, las alegrías y tristezas compartidas. Yo necesito abrazar a quien aprecio; me urge que me abracen y me besen a mí también.

Este tiempo parado entre las cuatro paredes de nuestras casas pasará. No quiero oír después ninguna excusa, ningún problema… Anhelo, con toda mi alma, volver a estar con todos vosotros, mis seres queridos.

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Días de ocio

Una de las mejores cosas que tienen los días de ocio y asueto es que puedo comenzar la mañana sin prisas, leyendo una buena novela mientras me tomo el primer café de la jornada.

La ausencia de horarios y de tareas obligatorias me permite disfrutar de la vida de manera sencilla (que es como más me gusta hacerlo, por cierto), gozar de otro verano más…

Me asomo a la ventana, oigo a las gaviotas cantar con su característico sonido y la memoria me trae al presente la famosa canción de Violeta Parra “Gracias a la vida que me ha dado tanto”.

 

Te pido disculpas…

…por haber estado ausente, por no dar señales de vida. Pero, en ocasiones, una necesita alejarse de todo y de todos. Tomar consciencia del lugar que ocupa y darse cuenta de si ese espacio la hace a una feliz.

tecladoTres meses y medio después de mi última entrada en este blog, habiendo reordenado cosas que estaban fuera de lugar, habiendo expulsado de mi vida lo que molestaba, me siento capaz de continuar con mi aventura, con fuerzas y ganas renovadas.

A veces es bueno parar, observar hacia dónde se va y tomar impulso para continuar la carrera hacia la siguiente meta: el siguiente relato, la primera novela…

He estado a punto de tirar la toalla. Sin embargo, la felicidad y tranquilidad que me cautivan cuando escribo han sido más fuertes que yo. Así que por qué dejarlo si escribir me hace tanto bien. Hay miles, millones de escritores por todo el mundo y muchos de ellos, (por no decir todos) probablemente, mejores que yo, pero mi felicidad es solo mía y no voy a renunciar a ella así como así.

He vuelto para quedarme, para contar historias que espero también te regalen momentos de felicidad o que, por lo menos, te hagan pensar y luchar por un mundo mejor. Puede que nadie me lea, o puede que sí… ojalá sí… aunque eso no me impedirá seguir alzando mi voz para decir bien alto lo que pienso y siento.

Mil gracias por tu compañía.

 

 

A la antigua usanza

Cada día leo las noticias en el periódico. Sí, todavía quedamos locos como yo que leemos los periódicos en papel, manchándonos las manos con la tinta con que los imprimen, subrayando cosas y releyendo aquello que consideramos más interesante.

Reivindico mi derecho a poder seguir haciéndolo. Disfruto de ese rato como uno de los mejores que el día me reserva. Debo ser una persona a la antigua usanza que en ciertas cosas se ha quedado anclada en el pasado, pero me encanta serlo.

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¿Será éste el año?

La primera semana del año en realidad no existe. Me cuesta arrancar. Es una semana de desintoxicación y de reflexiones. Por eso me hace gracia la gente que enseguida pone en funcionamiento sus nuevos propósitos. Comienzan el año como si no hubiera un mañana. Ese empuje y arrojo les dura como mucho un par de meses. En el mejor de los casos llegarán a finales de febrero. Para entonces los propósitos del nuevo año irán a parar al mismo sitio que los propósitos del año anterior: al cubo de la basura.

Poco a poco la frustración se irá haciendo fuerte en su mente. Llegarán al verano pensando que una vez más están en el mismo sitio sin haber avanzado ni un poquito hacia esa vida que tanto ansían. Pasa el verano, disfrutan de él. No es momento para preocupaciones. Eso ya vendrá en septiembre.

Y llega septiembre, comienzan a pensar en todas las cosas que van a hacer a partir de enero del siguiente año. Se van autoconvenciendo que esta vez sí, que la fuerte autoestima con la que han finalizado el verano y su renovada fuerza de voluntad no van a poder con su pereza. Llega la navidad con sus luces y sus turrones. Continúan con ganas de agarrar su vida por los cuernos y hacer lo que siempre han deseado hacer.

Se acaba el año. Vienen la euforia, las uvas y la sidra. Se autoprometen sus nuevos propósito para el año siguiente y se preguntan una vez más: «¿Será que este año sí que cumpliré con mis propósitos de año nuevo?»

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Mis queridos maestros

Gracias a ellos estoy donde ahora me hallo. Gracias a sus enseñanzas, a su entusiasmo al mostrarme lo que ellos sabían, dirigí mi camino hacia un lado y no otro. Ellos me enseñaron mis primeras letras, mis primeros números; me inculcaron el respeto al prójimo; me prepararon para pensar por mí misma, en libertad. Mis maestros, mis mayores, mis padres y abuelos… a todos ellos dedico este pequeño homenaje este 27 de noviembre, día del maestro aquí en España.

 

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Aquellos viejos pupitres… (Foto: Alma Rural)