En la profundidad del bosque

En la profundidad del bosque sólo se escuchaban los trinos de los pájaros. La niña sabía que el camino más corto para atravesarlo era por el túnel lleno de claroscuros que formaban las ramas de los árboles entrelazadas. Pero ya no sentía miedo al pasar por allí. Caperucita Roja se había encargado de deshacerse del lobo que las tenía a todas muy asustadas.

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Feliz Día Internacional del Bosque: Tomemos conciencia sobre la importancia de todos los tipos de ecosistemas boscosos y árboles tienen para el desarrollo sostenible de nuestro planeta.

 

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La poeta

—De mayor quiero ser poeta —respondió la niña a la pregunta que acababa de hacerle su abuela materna.
—¡Poeta! ¡Pero qué ocurrencias tienes!
—Sí, yaya, quiero ser poeta.
—¿Y eso de dónde lo has sacado? —volvió a preguntar la abuela—. Además, ¿tú sabes qué es lo que hace una poeta?
—Una poeta hace poesía —dijo la niña toda llena de razón.
—Muy bien, ¿y tú sabes hacer poesía?
—No, pero puedo aprender.
—Para eso tendrás que estudiar mucho en la escuela —señaló la abuela.

La niña se quedó mirando a su abuela con una sonrisa condescendiente como perdonándole el que no estuviera entendiendo nada.

—No, yaya, no tengo que estudiar mucho.
—Yo creo que sí.
—No, que va… sólo tengo que ser como mamá.
—¿Cómo mamá? —preguntó extreñada la abuela.
—Sí, como mamá. Papá le dice a mamá que derrama poesía cada vez que habla, cada vez que se mueve, con cada cosa que hace.

La abuela no pudo evitar sonreír al ver la cara de felicidad con que la niña hablaba de su madre.

—No sé que es eso de derramar que dice papá —continuó apuntando la niña—, pero mamá hace poesía y yo quiero ser como mamá, una poeta.

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(Taller de escritura nº 51 de Literautas: Móntame una escena: el armario y la idea)

Tarde de lectura

He cumplido mi misión con éxito. Con el papel de aluminio que le robé a la abuela y con el casco de la moto que papá me prestó ya lo tenemos todo. Entre Guille, Santi, Nacho y yo hemos juntado todas las piezas para montar el cohete. Sólo nos queda por hacer lo más difícil: decidir quién de nosotros será el suertudo que se vaya a la luna. Lo haremos por sorteo. Meteremos nuestros nombres en una caja y mi hermana pequeña sacará uno. Ayer le estuve enseñando a leer mi nombre por si en el papel sale escrito Álex.

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Este microrrelato fue seleccionado y publicado en la Comunidad del Portal del escritor, en el #RetoEscritura: He cumplido mi misión…

Fin de trayecto

El Señor Lápiz y la Señora Goma se fueron, cogidos de la mano, de paseo por la hoja hasta que llegaron a un punto. Por suerte era un punto y seguido. Así que decidieron hacer un paréntesis y descansar durante unos minutos.

Un poco más tarde dieron la vuelta a la hoja y siguieron andando juntos, paseando su amor. Lo malo fue que al llegar a la última línea de la hoja se encontraron de frente con un punto y final.

Y fue en aquel lugar donde tuvieron que acabar su historia de amor el Señor Lápiz y la Señora Goma. Ya no había más papel por el que seguir andando.

 

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Foto: Lola Pena.

A vueltas con Pinocho

Tomar un clásico de la literatura infantil, como es el caso de Pinocho, para darle unas cuantas vueltas a ver qué sale es una buena idea. Pero esta idea no es mía sino de los amigos de la Academia Hiperbreves. Nos lanzaron el reto y tanto otros compañeros escritores como yo lo aceptamos encantados. Aquí están mis microrrelatos versionando a Pinocho. Espero que os gusten.

– I –

—Quisiera saber qué se siente teniendo madre —le dijo Pinocho a su padre.

Aquella noche Gepetto comenzó a tallar un cuerpo de mujer.

 

– II –

 —¿Por qué me llamo Pinocho?

—Porque te fabriqué con madera de pino —respondió Gepetto.

—¿Y si fuera de roble me llamaría Roberto?

 

– III –

 —Deja de mentir en lugar de recortarte la nariz con un hacha —le aconsejó el hada a Pinocho —, porque al final te vas a hacer daño.

 

 

pinocho 1Blog de la Escuela Nº 77 “Evita”

Respetando las diferencias

Todos los patitos iban en fila india detrás de Mamá Pata. El quinto patito iba siempre distraído. La última vez que se entretuvo, se perdió y acabó metido en un charco de barro.

A Mamá Pata no le importaba la diferencia que había entre su quinto patito y todos los demás. Estaba segura de que acabaría haciendo grandes cosas. Tal vez llegara a ser un hermoso cisne como le ocurrió al Patito Feo, el hijo de su vecina Doña Pata.